el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 23 de mayo de 2017

ENESIMA NOCHE DE MARTES

Y no, no pude postear antes del viaje a Montevideo, así que de nuevo el ratito para redactar reseñas quedó para la noche del martes, que se va convirtiendo de a poco en una cita obligada para darle bola al blog. No es mucho lo que avancé en las lecturas, pero vamos con otras dos.
En 2013 la editorial española Astiberri publicó en un único tomo integral los cuatro álbumes de Los Años Sputnik que el maestro francés Baru realizó entre 1999 y 2003… y la verdad que es una gema más en la corona de este monstruo sagrado de la historieta europea.
Esta es una serie desbordante de ingenio y vitalidad. Una comedia costumbrista acerca de la vida de los chicos de 11-12 años en un pueblo industrial de la campiña francesa, en 1957, cuando buena parte de Europa miraba con asombro cómo la Unión Soviética vendía una imagen pujante, próspera, ordenada, y hasta se daba el lujo de mandar satélites al espacio. Así como en las historietas ambientadas a fines de los ´50 en los suburbios de EEUU está siempre presente la sombra del “red scare” (el miedo al comunismo), en Los Años Sputnik vemos la contracara: una comunidad francesa de clase obrera deslumbrada por el comunismo, dispuesta a organizarse desde las bases para darle pelea a la patronal. Pero el clima sociopolítico no es lo más importante de la trama, porque Baru pone el foco en los chicos, fascinados con el satélite Sputnik, con los indios norteamericanos y con el futbol. Las chicas… las chicas vendrían después. Este es un comic donde los juegos que importan se juegan entre varones, con peleas de puños, flechazos, guerras de nieve, pulseadas y un partido de futbol monumental, que se convierte en el punto más alto del primer álbum. Y por ahí, escondido entre las sábanas, aparece un comic de Tintín, cuestionado por reaccionario en un contexto donde cualquier cosa que huela a derechosa es censurada incluso por los padres.
El dibujo de Baru es formidable. La reconstrucción de la época, la plasticidad de los personajes, las expresiones faciales repletas de comicidad, los truquitos narrativos ejecutados con precisión milimétrica, el tratamiento del color… todo es maravilloso y todo te da ganas de haber estado ahí, de haber sido un integrante más de la pandilla de “los enanos” y corretear por esas callecitas y esos descampados. Una belleza absoluta.
Me vengo a Córdoba, al 2016, cuando se edita Maelstrom, la que hasta ahora es la única obra del inmenso Diego Cortés publicada después de su muerte. Tras la partida del guionista, Hernán González (que habitualmente es autor integral pero acá juega de dibujante) se puso este proyecto al hombro y no sólo lo dibujó sino que además lo editó.
Maelstrom va más o menos para el mismo lado que Jueves, uno de los grandes clásicos que nos dejó Cortés. Es una historia urbana, chiquita, de pocas páginas, poco diálogo, casi con un sólo escenario, cuyo encanto reside en la profundidad psicológica del protagonista. En este caso, este rol le corresponde a un tipo del que ni siquiera sabemos el nombre, pero la historia nos hace sentir que lo conocemos desde siempre, que comprendemos su drama, que lo bancamos en su batalla interior contra ese maremoto que crece en su mente y amenaza con llevarse todo puesto.
Como en Jueves, acá son importantísimos los silencios, lo que no se dice. Y los climas, obviamente, que González manipula con su pincel para hacerlos opresivos, retorcidos, ominosos aunque todo transcurra de día. A nivel técnico, lo que hace González con ese pincel y esas manchas es alucinante, tiene un vuelo y un despliegue plástico impresionante. A nivel narrativo, por el contrario, abusa mucho de los planos frontales, del personaje que mira al lector, que es un buen recurso, pero no para repetirlo en casi todas las páginas. En la mayoría de las páginas, el guión le da al dibujante la posibilidad de a) no dibujar fondos, o definirlos con un par de trazos muy sueltos, y b) armar la página con menos de cinco viñetas, dos ventajas enormes para que el dibujante tenga mucha libertad a la hora de organizar los elementos gráficos dentro de la página y dentro de la viñeta. Y eso a González le sale muy bien, no desaprovecha en lo más mínimo las oportunidades de lucimiento que le da el guión. Por eso, visualmente Maelstrom es un comic tan atractivo.
Vuelvo a postear muy pronto, ni bien liquide un par de libritos que tengo pendientes de lectura. Gracias por el aguante.

martes, 16 de mayo de 2017

OTRO MARTES A LA NOCHE

Bueno, por fin un ratito libre para escribir un par de reseñas.
Empiezo en 2015, cuando el sello Icon de Marvel recopila la miniserie Men of Wrath, una obra autoconclusiva, re-convertible en película y propiedad de sus autores, nada menos que Jason Aaron y Ron Garney, una dupla que ya había colaborado en más de un comic de superhéores.
Pero en Men of Wrath no hay superhéroes… y tampoco héroes. Es un drama familiar atravesado por tiros, cuchillazos y violencia de todo tipo, y además una historia de acción bastante vertiginosa, con un ritmo intenso y sostenido. Hay dilemas morales espesos, mezclados con un nivel de mala leche visceral y varios volantazos imprevistos cerca del final, que no se parece en nada a lo que uno imagina al principio. Si te parecía que Aaron se iba un poquito al carajo con el nivel de sordidez de Scalped, te cuento que Men of Wrath sube la apuesta respecto de la ya mítica serie de Vertigo. La sube tanto, que la violencia y la crueldad se perciben como exageradas casi al punto de la caricatura, como en las mejores sagas de Sin City. De hecho, a lo largo de toda la lectura de Men of Wrath me sobrevoló el fantasma de Sin City: esa impronta fatalista, casi melancólica con la que Frank Miller barnizara aquellas masacres en las que la sangre salpicaba de las viñetas al lector, está presente en esta obra. Y como en Sin City, son masacres “larger than life”, casi superheroicas por la magnitud dramática que las rodea, pasadas de rosca por el nivel de crudeza, por el altísimo impacto, porque se nota mucho la búsqueda del “shock value” por parte de los autores.
La trama está muy bien armada y sin embargo no opaca lo más atractivo que tiene Men of Wrath, que es la construcción de los personajes (perdón que no sea más específico, pero es una obra reciente y no quiero spoilear). En ese rubro y en los diálogos están los puntos más altos de un trabajo muy logrado por parte de un Aaron que (dicen, todavía no la empecé) se volvió a superar a sí mismo en Southern Bastards.
El dibujo de Ron Garney no es perfecto, pero bueno… es Ron Garney tratando de dibujar un mundo sin superhéroes, algo que jamás pensé que iba a ver en mi vida. Por momentos hay una sobrecarga de detallitos al estilo Leinil Francis Yu que me rompe un poquito las pelotas, pero una vez que Garney entiende qué carajo está haciendo Aaron en el guión, empieza a probar con yeites de los que usaba Miller en Sin City, a los que integra muy bien a su estilo, y ahí sí, la cosa se pone realmente potente. Si te da el estómago para bancarte una historia descarnada y atroz, entrale a Men of Wrath, que está muy, muy buena.
Me voy al otro extremo, a una historieta para chicos (y no tan chicos) escrita y dibujada por Lubrio: Lucy Niestra es una chica de 14 años que vive en Rosario y resuelve misterios vinculados a las pesadillas de la gente. Un concepto digno de un comic de Vertigo, propenso a derrapar hacia el horror onírico más desbocado, pero aplicado a una historieta amistosa, linda de ver y fácil de compartir con chicos y chicas de 9 a 13 años (ponele) a los que Vertigo todavía les queda un poco lejos.
El libro se compone de seis aventuras cortas, con un plot mayor que las atraviesa a todas y se resuleve en la última, algo que a los guionistas argentinos actuales les cuesta un huevo planificar, pero que Lubrio concreta con categoría. Dentro de los episodios 100% autoconclusivos, me parece que el segundo no sólo es el mejor del libro, sino que creo que es el mejor guión de Lubrio que leí en mi vida. El tono simpático de las historias está muy bien balanceado con ciertos elementos más espesos, o más oscuros y el hecho de que las historias transcurran en Rosario tiene sentido a nivel argumental.
Una vez más, el dibujo de Lubrio se debate entre aggiornar mucho, poco o nada la estética de los cartoons clásicos de los años ´60, a los que sigue exhibiendo como principal influencia. A veces los personajes le quedan demasiado distintos entre sí, como si no pertenecieran todos a un mismo universo gráfico, pero eso no llega a obstaculizar la lectura. La narrativa está mejor que en obras anteriores (se ve que mejoró mucho el criterio a la hora de ubicar los globos de diálogo en las viñetas) y el color está impecable. Y a diferencia de otros autores de historieta infanto-juvenil, a Lubrio no le tiembla el pulso a la hora meter una cantidad de texto muy similar a la que solemos ver en las obras apuntada al público adulto, algo que yo valoro muchísimo. Ojalá se vengan más álbumes con nuevas aventuras de Lucy Niestra.
Y hasta acá llegamos. Este finde voy a estar en Montevideo Comics junto a un montón de autores grossos de Uruguay, Argentina, España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, así que si andás por la zona, acercate a saludar. Y la incógnita es si llegaré a leer y reseñar un par de libros más antes de viajar, o si habrá que esperar a la noche del lunes para reencontrarnos. Veremos qué pasa…

jueves, 11 de mayo de 2017

OTRA VEZ LLUVIA

Noche espantosa, de frío y lluvia, y yo acá, con un par de libros para reseñar.
Arranco con el Vol.1 de la colección Super Humor, un hardcover impresionante, de 240 páginas, íntegramente dedicado a las obras del maestro Francisco Ibáñez. Acá tenemos un montón de historias cortas de Mortadelo y Filemón de distintas épocas (de fines de los ´50 a los ´80), un montón de chistes e historietas realizadas por Ibáñez sin personajes fijos (todas anteriores a los 1970) y breves historietas de todos los personajes creados por el ya mítico autor: Pepe Gotera y Otilio, Rompetechos, el Botones Sacarino, un fragmento del primer álbum de Chicha, Tato y Clodoveo, la Familia Trapisonda, 13 rue del Percebe… un verdadero desfile de personajes uno más torpe y disparatado que el otro, nacidos de la prolífica pluma de Ibáñez, también entre los ´50 los ´80. Obviamente esto es material desparejo a nivel calidad (algunas historietas tienen ínfimos atisbos de comicidad y otras se la recontra-bancan leídas aún hoy), pero lo realmente importante es el valor histórico, la posibilidad de recorrer las distintas épocas en la producción del autor, ver cómo evoluciona su estilo, conocer a un montón de personajes que tuvieron mucho menos éxito que Mortadelo y Filemón, y hasta descubrir aventuras muy extrañas de la famosa dupla, como ese team-up con Zipi y Zape, en el que Ibáñez dibuja a cuatro manos con Escobar, el creador de los borreguitos kilomberos que durante tanto tiempo compartieron revistas con los agentes de la TIA.
Pero lo mejor del libro no es esto, sino que hay algo más. Las primeras 44 páginas componen un álbum como los típicos álbumes de Mortadelo y Filemón, en el que Francisco Ibáñez cuenta su biografía en forma de historieta y 100% en joda. Realizado en 1992, para festejar los 35 años de su creación más famosa, este tramo nos muestra a los superagentes más ineptos del mundo interactuando con todos los personajes de Ibáñez, que aparecen en orden cronológico, junto a una semblanza (obviamente farsesca) en la que el autor cuenta cómo los conoció y cómo los tomó como inspiración para sus historietas. Este tramo es un delirio que funciona en varios niveles, en el que la vida, la obra y el universo de Ibáñez se entremezclan en una sucesión imparable de gags afiladísimos. Es la historieta más “moderna” de las que integran el mega-libro, la más extensa y además la que está mejor dibujada. También la más ácida, la que mete el bisturí más a fondo a la hora de satirizar a la industria editorial en la que le tocó insertarse, consagrarse, irse con una patada en el culo y volver con gloria a este incansable creador español hoy famoso en muchísimos países del mundo. Si sos fan de Ibáñez, o si te interesa el fenómeno como para investigarlo, este libro no puede faltar en tu biblioteca.
Y me vengo a Argentina, a 2016, donde me toca acompañar a Alejandro Farías y Tomás Gimbernat en una road movie apasionante llamada El Color de la Nieve. Una historia intensa, emotiva, con muchísimo ritmo, que nos invita a recorrer un mundo extraño, en el que casi todos los personajes son animales antropomorfos, de la mano de un tortugo taciturno, melancólico, al que la suerte le va a ser bastante esquiva.
La historia tiene un tramo medio raro, que se aparta un poco del núcleo central de la trama para aventurarse sin mucho éxito en un intento de thriller socio-político con reminiscencias de G.K. Chesterton. Un tramo bien escrito, que funciona casi como una historia autoconclusiva, pero que no termina de amalgamarse bien con el resto de la obra y que, en el balance global de la misma, no aporta nada, ni siquiera al desarrollo del personaje. Más allá de ese segmento en el que Farías pareciera estar estirando el relato sin mayor necesidad, El Color de la Nieve te lleva de emoción en emoción, hasta desembocar en un final conmovedor, bellísimo, redondísimo.
En la gran mayoría de las secuencias, Farías apuesta a impactar en el lector con los silencios. El protagonista habla poco, hay muchos momentos en los que está solo, y en esos silencios El Color de la Nieve levanta un vuelo exquisito. Por supuesto eso es posible gracias al trabajo de Gimbernat, que no deja nada librado al azar. Su trazo cálido y preciso y su excelente manejo de las tramas de grises están todo el tiempo al servicio de los climas de la historia, con los que se compromete como si trabajara en equipo con Farías hace 10 ó 15 años. Gran trabajo de este autor oriundo de Puerto Madryn, al que me gustaría ver trabajando en una historieta 100% a color directo.
Por ahora, esto es todo. En unos días tendré más libros leídos como para ameritar otra tandita de reseñas. La seguimos pronto, y con los amigos uruguayos nos encontramos en vivo y en directo el 20 y 21 de este mes en Montevideo Comics.

lunes, 8 de mayo de 2017

LUNES LLUVIOSO

Día espantoso para casi todo… pero bueno, hace bastante que no escribo reseñas y tengo un par de cositas ya leídas.
Arranco con el Vol.4 de Thief of Thieves, la gran creación de Robert Kirkman, ahora en manos del británico Andy Diggle. Todo lo que pasa en este tomo es consecuencia directa de lo sucedido en el anterior (lo reseñamos el 10/08/15), y aún así Diggle se las ingenia para presentar a un nuevo personaje importante, desarrollarlo y darle un cierre, todo en poco menos de 120 páginas. Para marcar un quiebre en la serie, además, Diggle saca de escena a un personaje secundario importante, y liquida a otro y al principal villano de los tres tomos anteriores. Como si esto fuera poco, multiplica exponencialmente la chapa de un personaje con el que Kirkman y sus colaboradores anteriores no sabían muy bien qué corno hacer.
Sumémosle tiros, cuchillazos, explosiones, torturas, violaciones, mutilaciones, narcotráfico, traiciones aberrantes y runflas espúreas y tendremos un arco argumental al que le sobra impacto. Diggle te mantiene atrapado de punta a punta, con muchísimas situaciones shockeantes, de esas que te hacen decir “¡No! ¡Se fueron al carajo!”. Pero por suerte este festival de atrocidades no se queda sólo en sacudir al lector. También sirve para hacer evolucionar al personaje de Conrad Paulson, que constantemente reflexiona acerca de los límites que está cruzando en la persecución de sus objetivos.
El dibujo de Shawn Martinbrough, impecable como siempre. Vibrante, poderoso, con onda a pesar de estar muy restringido por las altas pretensiones de realismo que tiene el guión, y muy bien complementado por la paleta de Adriano Lucas. Ya sin las manos mágicas de Robert Kirkman moviendo el timón, Thief of Thieves sigue siendo una excelente opción si te gusta leer thrillers jodidos, sórdidos, sin superpoderes ni disfraces locos, sin conflictos que se puedan reducir a la vieja fórmula de “Buenos contra Malos” y donde se exploran a fondo las consecuencias de todo lo que pasa. Una pena que la mayoría de los fans que veneran a Kirkman por The Walking Dead no sepan que existe esto.
Me voy a Uruguay, a 2016, cuando se edita Greatest Hits, un recopilatorio de historias cortas a cargo de dos de los autores más notables del país hermano: el guionista Roy y la dibujante (y a veces autora integral) Maco. De las cinco historietas que reúne el libro, tres ya las vimos en antologías reseñadas en años anteriores. No por eso las disfruté menos. De hecho, La Señora Cornelia me pareció mucho mejor esta vez que cuando la leí dentro de Novelas Ejemplares (reseñada el 31/08/14)… y eso que aquella vez me había parecido la mejor historia del libro. Y una vez más, me volví loco con la perfección técnica de Serendipity (ya comentada en la reseña de Otoño, el 07/09/14).
La historia que aportaron Roy y Maco a la antología Las Moradas (reseñada el 18/11/15) queda un toque descolgada fuera del contexto de ese libro, pero los autores lo resuelven con mucho ingenio, con un epílogo realizado especialmente para Greatest Hits, tan gracioso como efectivo. Después tenemos una breve historieta a color, que no había visto nunca, y una extensa historieta en blanco negro, 20 páginas en las que Roy y Maco juegan a reversionar el clásico Alice in Wonderland. Hay muchas ideas de las buenas en estas 20 páginas, y quizás la mejor sea la incorporación de elementos meta-historietísticos, que le aportan otro vuelo al típico delirio de los universos lewiscarroleanos. Gran librito para los fans de estos dos autores, o para los que quieren conocer a una dupla infalible, a esta altura emblemática de la historieta uruguaya del Siglo XXI.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

miércoles, 3 de mayo de 2017

PRIMERAS LECTURAS DE MAYO

Nuevo mes en marcha y sigo avanzando de a poco con las lecturas.
Arranco en 2013, en Nueva Zelanda, donde me reencuentro con los guionistas William Geradts y Richard Fairgray, de nuevo al frente de una aventura muy extraña, dibujada por el maestro chileno Gonzalo Martínez. The Darwin Faeries propone revisitar la vida de Charles Darwin, agregando un elemento bizarro, hasta ahora desconocido: su interacción con una civilización de hadas escocesas, un clan de seres mágicos excesivamente burocráticos y fanáticos de las peleas con espadas.
Geradts y Fairgray no ocultan en ningún momento el aspecto inverosímil, casi desopilante, de lo que nos están contando, sino que –por el contrario- lo potencian con un tono de comedia absurda muy efectivo. Hay combates sanguinarios, intriga palaciega y debates teóricos acerca de la evolución de las especies, la organización de las sociedades y los pro y los contra de la supervivencia del más apto. Pero todo en un clima distendido, con la comedia siempre a flor de piel. El último tercio de la obra, posterior a la muerte de Darwin, es un poco más tradicional, va más para el lado de la machaca palo-y-palo y termina con impactantes revelaciones, que los autores prometen explorar en una obra posterior.
Darwin Faeries es atractiva por lo limado de las ideas, porque hay conceptos inteligentes, presentados de modo muy ganchero, muy entretenido. Los personajes de Violet y Simon están muy bien trabajados, los diálogos son cómicos… la verdad que, salvo el hecho de que la historia no termina, no hay mucho para criticar. El dibujo de Martínez acompaña en un nivel alto, en ese registro tipo Jeff Moy, Amanda Conner, Paul Pelletier… O sea, una estética de mainstream yanki pero limpita, amistosa, con una cierta alegría. Las viñetas tienen ritmo, fluidez, una muy buena organización de la información visual que se nos brinda y un gran trabajo en la reconstrucción de las épocas del pasado que visita el guión. El colorista Juan Moraga se complementa a la perfección con el trazo prolijo y fino de Martínez y aporta las dosis exactas de impacto de calidez. Un libro raro, pero realmente satisfactorio.
Me vengo a Mar del Plata, año 2016, cuando Julián Mono (el Johnny Ryan argentino) escribe y dibuja su primera historieta extensa, La Ultima Navidad. En realidad son poco más de 50 páginas, pero que se hacen intensas y requieren bastante tiempo de lectura porque cada página tiene muchas viñetas y cada viñeta tiene mucho dibujo y mucho texto.
La trama tiene muchos puntos en contacto con la de Los Visitantes del Agujero del Comedor, esa joyita de Federico Reggiani y Angel Mosquito que vimos el 14/02 de este año. Pero mientras Reggiani y Mosquito tenían como carta de triunfo el traslado al conurbano bonaerense de ciertos tópicos de la ciencia-ficción, el misterio y el terror al estilo X-Files, Mono enfatiza mucho menos la localización de la historia y se dedica mucho más a regodearse en los elementos fantásticos, tan típicos de estas ficciones de Clase B. Su historia es más violenta, más visceral, tiene momentos francamente revulsivos y escenas salpicadas de un gore extremo, grotescamente mezclado con caca y eyaculaciones.
La Ultima Navidad es una historia vibrante de demonios de otra dimensión dispuestos a masacrar a la humanidad, con muertes, torturas y decapitaciones, pero también con chistes de conchas y porongas. Mono nunca le puso a su dibujo tantas tramas, tantas manchas negras, tanto clima ni tanta oscuridad como en esta historia, pero no es un remedo de Suehiro Maruo, ni mucho menos. Es el Mono de siempre, que le agrega una faceta de aventura dark a su dibujo claramente humorístico, hiper-expresivo, deforme, siempre entre la guarangada y el delirio.
Una obra sumamente atípica para el panorama actual de la historieta argentina, en la que Mono se abraza a los tópicos más bizarros y retorcidos de los géneros que visita para hacernos reir y sufrir de la mano de estos héroes anónimos, estos Juan Carlos Nadie que de golpe tienen que enfrentarse al Mal encarnado. Y no sólo funciona como una buena aventura en joda, sino que además va a servir para que los que hasta ahora no se habían interesado por ese dibujante que hacía chistes de pijas y soretes descubran a un narrador sólido, maduro (sí, se puede hacer chistes de pijas y ser maduro), capaz de salir de su zona de confort y mandarse un thriller con misterio, violencia, humor bizarro y una eyaculación que habla. Animate a descubrirla.
Y hasta acá llegamos. Prometo postear ni bien tenga un rato (primero tengo que avanzar con las lecturas) y reitero la invitación para encontrarnos este sábado y domingo en Dibujados, donde voy a estar con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. Hasta pronto.

domingo, 30 de abril de 2017

DOMINGO A LA NOCHE

Como lo prometido es deuda, me tomé un ratito en medio del finde largo para clavar un posteo en el blog, con las reseñas de un par de libros que tengo leídos.
Arranco en 2015, en España, con el Vol.1 de ¡García!, una obra en dos tomos (gorditos, de casi 190 páginas) escrita por el imparable Santiago García y dibujada por el inmenso (y nunca valorado en toda su dimensión) Luis Bustos.
¡García! es un thriller intenso, político y metacomiquero. El guión nos plantea la posibilidad de que un emblemático personaje de la pos-guerra civil, el clásico agente del orden que combatía a los comunistas y bajaba línea a favor de la dictadura franquista, reaparezca en la actualidad. García y Jaimito son una versión apenas velada de Roberto Alcázar y Pedrín, célebres creaciones de Juan Bautista Puerto y Eduardo Vañó Pastor, que repartieron trompadas a los rojos entre 1940 y 1976, para luego desaparecer, como tantos otros fachos a los que la muerte de Francisco Franco los obligó a replantear su curso de acción.
Lo loco es que ¡García! está ambientada en un mundo en el que García y Jaimito no son personajes de ficción, sino hombres de carne y hueso, que crecieron (e incluso envejecieron) a lo largo de los 50 años en los que dejaron de vivir sus impactantes aventuras al servicio del régimen. Ahora, en esta España alternativa atrapada en una crisis política terminal, con candidatos secuestrados y grupos de extrema derecha y extrema izquierda dispuestos a todo por el poder, García reaparece intacto, igual que en los años ´50, mientras que Jaimito ahora es un señor grande… y muy jodido.
Esta primera parte consiste en presentarnos a los personajes, describirnos la situación política, explicar por qué García no envejeció y Jaimito sí, y urdir una runfla atrapante por la cual el implacable agente García, recién despertado en pleno siglo XXI, deberá involucrarse con la crisis política, mientras se amolda a una realidad muy distinta a la que recordaba. En el medio aparece Antonia, joven periodista e hija de Jaimito (Don Jaime, ahora que es grande), obviamente enroscada también en la trama de intriga política y en el estridente regreso de García a la ciudad de Madrid. Con estos elementos, Santiago García (el guionista) nos mantiene al filo del asiento, juega con un montón de tópicos que seguramente te resultarán familiares si leíste mucho comic de aventura clásica y logra generar la tensión suficiente para que sintamos la obligación de correr a leer el Vol.2 (lo tengo ahí pidiendo pista).
El dibujo de Luis Bustos es magnífico. Sobrio en el trazo, muy jugado en la narrativa, sin límites a la hora de tirar bombas en las escenas de acción… Imaginate un autor español a mitad de camino entre la prolijidad de un Paco Roca y el descontrol de un David Rubín, con yeites narrativos tomados del buen comic yanki y de Takao Saito. Una bola de demolición. Y si no te alcanza con la cátedra de blanco y negro de Bustos, la novela intercala algunas páginas dibujadas por el glorioso Manel Fontdevilla, que incorporan el sepia de las viejas revistas de los ´40 y ´50, y en las que el catalán imita la estética de las historietas de Roberto Alcázar y Pedrín, por si alguno no entendió a qué personajes hace constante referencia el guión de Santiago García. Hiper-recomendable.
Y me vengo a Argentina, 2016, cuando Rubén Gauna autoedita Horror Total, el recopilatorio de todo el material de su tira ¡Horror, Desperté con un Cazador!. En su primera etapa, Horror… es una tira costumbrista, una comedia romántica protagonizada sólo por varones, que refleja de modo irónico pero cariñoso el mundo de los osos y los cazadores, dos sub-categorías dentro del universo gay. Todo gira en torno a encuentros y desencuentros, enredos, celos y peleas pelotudas, que terminan con el Gordo y el Pelado (Gauna no le pone nombres a sus personajes) decididos a casarse.
Para las últimas 50 páginas, sin embargo, Gauna cambia de registro y conjura una saga aventurera, con elementos típicos de la space opera y de los comics de superhéroes, con personajes de otras tierras, realidades alternativas, viajes en el tiempo, batallas épicas, persecuciones, abducciones y un final un toque abrupto.
Me divertí más con la primera parte (las tiras de 2010 y 2011), aunque las de 2012 están notoriamente mejor dibujadas. El trazo de Gauna se presta naturalmente para el humor, para exagerar el lenguaje gestual y corporal de los personajes, y el autor no desaprovecha para nada ese “carisma natural” que ostenta su grafismo. A veces se nota que trata de meter demasiada información en cada tira y las viñetas se ven saturadas de texto, de dibujo o de ambas cosas. Pero en general, la narrativa fluye de modo ágil. Me imagino esto mismo contado en páginas verticales, con cinco o seis viñetas por página, y debe ser realmente espectacular.
Espero ver pronto en libro los trabajos más recientes de Gauna, a ver si sigue explorando el mundo gay de los varones (como lo hizo mil años Alison Bechdel con el de las mujeres) o si se abre a nuevas temáticas y otras formas de contar, sin las restricciones de la tira de tres o cuatro viñetas.
Sigo leyendo, y como siempre, prometo volver a postear ni bien junte varios libros leídos. ¡Nos vemos el sábado 6 y el domingo 7 en Dibujados!

jueves, 27 de abril de 2017

NOCHE DE JUEVES

Una pausita en el medio de días bastante intensos nunca viene mal y menos cuando se me empieza a acumular el material ya leído.
Arranco con Strange Adventures, un TPB que recopila dos one-shots de antología de Vertigo: Mystery in Space y el que da nombre al libro. Básicamente es un compilado de historietas de ciencia-ficción, a cargo de un elenco de autores sencillamente demoledor. Mirá esta guarangada: Mike Allred, Jeff Lemire, Brian Azzarello, Eduardo Risso, Peter Milligan, Kyle Baker, Paul Cornell, Juan Bobillo, Mike Kaluta, Denys Cowan, Andy Diggle, Sebastián Fiumara, Steve Orlando, Ann Nocenti, Ramón Bachs, Goran Sudzuka, Davide Gianfelice… y suspendo acá, pero podríamos seguir, eh?
Lo loco es que no hay una proporción directa entre la chapa de los autores y la calidad de las historias. Es decir, me emocioné mucho más leyendo la lista de los artistas involucrados que leyendo las historietas. Pará: ¿estoy diciendo que esta horda de asesinos seriales se confabuló para entregar material medio pelo a estas antologías? No, en absoluto. Hay varias gemas, pero no tantas como uno esperaría frente a semejante alud de nombres grossos. Repasemos:
Seewyn Seyfu Hinds escribe una historieta no brillante, pero más que digna, a la que Denys Cowan le pone mucha onda desde el dibujo. Juan Bobillo deja la vida en ocho páginas fastuosas, al nivel de sus mejores trabajos, pero con un guión que no termina de convencer. La que escribe Peter Milligan es una linda historia, inquietante, muy bien narrada, pero le tocó un dibujante tercerón, que desluce un poco. Una de las historietas realmente notables es la de Lauren Beukes e Iñaki Miranda, una dupla a la que ya nos tocó reseñar allá por el 08/01/15. La que escribe y dibuja Lemire también es una exquisitez, te dan ganas de que se convierta en serie mensual. No va a suceder. Cornell y Sudzuka nos narran un unitario que encaja tangencialmente con la serie Saucer Country, que no está mal. Mientras que Azzarello y Risso nos muestran una especie de prólogo a Spaceman, dibujado como los dioses, pero que en el contexto global de la obra (ver reseña del 07/08/15) no aporta demasiado.
La historia corta de la dupla Diggle-Gianfelice (vimos otro trabajo de ellos el 10/02/13) no es gloriosa pero está muy bien. Sebas Fiumara se luce en ocho páginas magníficamente dibujadas, en base a un guión de Robert Rodi que también está bastante bueno. La de Kyle Baker, junto a Kevin McCarthy, también está entre los puntos altos del tomo. Y la de Mike Allred… ponele que zafa por lo arriesgado del concepto. O sea que hay bastante para rescatar, pero no tanto como uno supondría a partir del elenco multiestelar de la antología. Si ves el TPB a buen precio, no lo dudes.
Hablando de duplas de las que a hemos visto varios trabajos, tengo para recomendar enfáticamente Reflejo, una breve novela gráfica de Rodolfo Santullo y Jok. Este es un policial con mucha onda Blade Runner, es decir, con un tratamiento de serie negra y una ambientación de futuro cercano, oscuro, jodido y sobre todo posible.
Si me pongo muy en estrecha, tengo que decir que me hubiese gustado un último giro, algún volantazo impredecible, para el final. Pero la verdad es que disfruté muchísimo la historia, sobre todo por el increíble oído de Santullo para los diálogos (escrito en mi amado castellano rioplatense, a años luz de esa pedorrada del “castellano neutro”). Me atraparon los climas, el timing y destaco también la habilidad de Santullo para mantenernos compenetrados con la trama de investigación cuando uno como lector maneja MUCHISIMA data que los personajes que investigan desconocen por completo. Muchas veces cuando el lector sabe mucho más que los personajes, la historia pierde gracia o interés. No es el caso de Reflejo, que mantiene la tensión, las emociones fuertes y el énfasis en el desarrollo de los personajes hasta la última página.
El trabajo de Jok me pareció excelente. Es increíble cómo se adapta al tono de cada relato que le toca dibujar, como va madurando su estilo obra a obra. El Jok de Reflejo es un artista más clásico, que además de romperla en el claroscuro y en la espectacularidad de las escenas, presta atención a detalles, texturas, efectos de iluminación… La narrativa está cuidadísima, las transiciones son hiper-gancheras, esa puesta en página que sugiere una división de casi todas las páginas en dos mitades funciona muy bien (obviamente juega con el título de la obra) y los decorados futuristas, máquinas y vehículos tienen muchísima onda. Además, en las secuencias donde cobran relieve los sentimientos y las emociones, Jok da cátedra en materia de expresiones faciales, algo que no suele enfatizar tanto en otros trabajos.
Si extrañás esos thrillers futuristas en ciudades corruptas que aparecían en la Zona 84 (dibujados por José Ortiz, Altuna o Bernet), no dejes de jugarle una fichita a Reflejo, 65 páginas en las que Santullo y Jok demuestran categóricamente por qué son una de las duplas más interesantes del panorama local, y por qué la rompen cada vez en más mercados donde se están publicando sus obras anteriores.
Volvemos con más reseñas en algún momento del finde largo. ¡Hasta entonces!

lunes, 24 de abril de 2017

TARDE DE LUNES

Tengo varios libritos leídos como para reseñar. Veamos hasta donde llegamos…
El Vol.1 de Los Escorpiones del Desierto, del maestro Hugo Pratt, es uno de esos comics que mil veces me pasaron frente a la nariz, y mil veces dije “nah, no me ceba demasiado, mejor me compro otra cosa”. Finalmente lo vi el año pasado muy barato en una librería de usados en Santiago de Chile y dije “ya fue, me lo llevo”. Tenía razón yo: no me ceba demasiado.
Estas historietas de 1973, realizadas por Pratt para el semanario Tintin, son aventuras bélicas clásicas, donde los valientes muchachos del bando aliado le escupen sistemáticamente el asado a las milicias italianas apostadas en África durante la Segunda Guerra Mundial. Hay algunos personajes bien desarrollados y UN argumento muy logrado (el de Kord). Pero nada que me emocione demasiado. Es para tenerla sólo por los dibujos, que están buenísimos (lógico: esto es de la mejor época de Pratt a nivel gráfico).
Lo que más me sorprendió (además la pésima calidad de la edición española de los ´80) es la cantidad de texto, la extensión de los bloques de texto y de algunos diálogos. Una cosa muy loca que ya le había visto hacer a Pratt, acá me pegó más fuerte. Aparece un personaje nuevo, una mina que es espía. Entabla un diálogo con los protagonistas en un viaje en tren, y en pocas viñetas te cuenta dónde nació, qué estudió, en qué universidad, hasta cuándo vivió ensu ciudad natal, por qué se fue, con quién se casó, cómo terminó esa relación, cómo se hizo espía… todo con nombres, apellidos, fechas y chotocientos detalles más. En un momento pensás “ah, bueno, toda esta data debe ser relevante para la resolución del argumento, si no Pratt no la pondría”. Pero no. Diez páginas después, la minita es boleta y nada de lo que nos narró afecta a la trama en lo más mínimo. Ahí entendí que todo ese secret origin del personaje está ahí para dar un efecto de realismo, porque –es posta- cuando la gente del mundo real entabla un diálogo en un viaje largo, casi involuntariamente intercambia data acerca de su vida, de su pasado, de lo que hace o hizo, etc. ¿Está mal que los personajes de historieta también lo hagan? ¿O todo lo que dice un personaje tiene que estar ahí en función de la historia? No sé, no me decido por una respuesta…
Me voy a EEUU, de la mano del Vol.3 de Catwoman que va justo después del Vol.4 que vimos el 08/05/15. ¿El 3 va después del 4? Sí, esta es otra edición que trae más episodios por tomo. De hecho, en este mega-broli (más de 300 páginas) está completo el último año de Ed Brubaker al frente de la serie, todo material que no se había recopilado en los TPBs anteriores.
A nivel argumental, esto está lejos de los mejores trabajos de Brubaker. El guionista insiste con Philo Zeiss, el villano que había creado durante su paso por la revista de Batman (lo vimos en la reseña del 15/02/11), suma a más capos mafiosos de los que pululan por Gotham y se va medio al carajo con una saguita con onda “realismo mágico, romance y cimitarras ” en la que resuelve el plot de los chabones vestidos con túnicas y turbantes árabes que venía del tomo anterior. En el último tramo, tenemos tres episodios muy vinculados a la saga War Games, por la que desfilan un montón de personajes (buenos y malos) de Gotham City en una aventura que a Selina realmente la afecta poco y nada. Y después viene un unitario casi sin piñas ni patadas, en el que Brubaker cierra su etapa al frente de esta serie.
Lo grosso de todo esto es cómo el guionista encuentra espacios para trabajar lo que a él más le interesa, que es el desarrollo de los personajes. Selina, Slam Bradley, Holly Robinson, en menor medida Leslie Thompkins… todos salen profundamente transformados después del paso de Brubaker por la serie. Como siempre digo, Catwoman me gusta más como villana que como justiciera, pero Brubaker se esfuerza por subrayar que, pase lo que pase, Selina no va a ser nunca una heroína. La mina tiene sus propios códigos, sus propios métodos (que no son los de Batman), y una consigna también muy propia, que es la defensa del barrio más pobre y más heavy de Gotham. Hasta en estos últimos episodios, donde se des-enfatiza bastante la onda “serie negra”, Catwoman se niega a ajustarse al molde de la heroína tradicional. Y eso es lo que la mantiene interesante.
Obviamente suma muchísimo que 10 de los 12 episodios tengan como dibujante al maestro Paul Gulacy, siempre infalible en la narrativa, generoso en los fondos, jugado en las expresiones faciales, impactante en el manejo de las escenas de acción. Y uno de los suplentes es nada menos que Sean Phillips, el compañero perfecto de Brubaker, al que le toca un episodio sin machaca, totalmente introspectivo, centrado en una cita romántica entre Selina y Bruce Wayne, que es de lo mejor que tiene para ofrecernos este tomo.
Si sos muy fan de Catwoman, podés seguir esa serie más allá del nº37, que es el último de Brubaker. Si lo que te atrae es el laburo de este prócer del guión, bajate en esta parada y despedite de la gata de Gotham, que nunca volvió a protagonizar historias a este nivel.
Volvemos pronto con más reseñas. ¡Hasta entonces!

viernes, 21 de abril de 2017

GUARDIANS OF THE GALAXY Vol.2

James Gunn lo hizo de nuevo. A lo largo de 137 minutos, la nueva peli de los Guardians of the Galaxy es una clase magistral de cine, más allá de las épocas, los géneros y la pertenecia de este film a un universo compartido con otros 15 o 20 largometrajes (¿cuántos van? Yo ya perdí la cuenta…).
A nivel visual, Guardians of the Galaxy Vol.2 es sin ninguna duda la mejor película que vi en mi vida. El diseño de producción, el vestuario, las naves, los decorados, los maquillajes y los efectos especiales alcanzan para pasarle el trapo a TODO lo que te imagines. La banda de sonido también, es tan buena que justifica por sí sóla lo que pagues por ver la peli.
Pero vamos al argumento, que es lo que importa. La trama básica gira en torno al origen de Peter Quill, a resolver la incógnita que quedó la vez pasada acerca de su filiación. Gunn la resuelve de un modo impecable, aunque bastante alejado al de los comics. Pero si bien el rol de Starlord y su reencuentro con su verdadero linaje son importantísimos, el guión de Gunn le reserva grandes momentos a todos los otros personajes.
Yo creía que el chiste del Groot bebé caducaba (o se marchitaba) después de la primera escena (majestuosa, por cierto) y que lo iba a putear todo el resto de la cinta. Para nada. El Groot bebé funciona y garpa de punta a punta. Drax la rompe. Rocket tiene varias escenas magníficas, donde gana cada vez más profundidad. Y si bien el personaje de Gamora tiene bastante desarrollo, creo que sigue siendo el punto débil, el personaje al que todavía no le agarraron la mano como para hacerlo explotar. En la peli anterior, Gunn nos presentó a dos personajes secundarios muy atractivos, que no tuvieron espacio para brillar demasiado, pero prometían: Yondu y Nebula. Esta vez, ambos personajes ascienden a roles protagónicos y por momentos parecen ponerse la película al hombro. Los dos tienen un montón de escenas fundamentales, de altísimo impacto, al nivel de cualquiera de los Guardians. Por supuesto no quiero spoilear nada (sobre todo porque falta mucho para el estreno en cines), pero la chapa que acumula sobre todo Yondu en esta peli es infinita.
Ese truco de plantar personajes para que estallen en la siguiente entrega salió tan bien, que esta vez Gunn te planta otros dos: Mantis (también en una versión absolutamente incompatible con la de los comics) y Stakar, el personaje de Sylvester Stallone, que si sos fan de los Guardians clásicos seguramente intuirás para dónde va encaminado. Acá hay sembradío de plots para por lo menos una película más a todo culo, y varias de esas puntas tienen que ver con personajes y conceptos que los fans de Marvel lograrán reconocer a pesar de que acá hay muchas menos capas, máscaras y trajes colorinches.
La única contra que tiene el guión es que no avanza un choto el plot de las gemas del infinito. Si mirás el elenco de la peli, vas a ver que no está Josh Brolin. Y eso medio me la bajó, porque yo quería mucho Thanos, mucha previa a lo que va a ser la Infinity War con los Avengers y otros héroes de la Tierra. Obviamente en varios momentos Gamora y Nebula hablan de su papá, pero nunca lo vemos ni a él ni a las gemas. De todos modos, uno se queja de lleno, porque la verdad que es una película maravillosa, con un ritmo alucinante, con una combinación perfecta entre machaca épica, comedia y emotividad. Posta, eh? Acá vas a vibrar, te vas a reir a carcajadas (por momentos parece una peli cómica como las de antes, o como un corto de los Looney Tunes con actores), y a menos que tengas un cascote de la tribuna de Independiente en vez de un corazón, seguro vas a lagrimear, o aunque más no sea a pucherear.
Preparate a quedarte en el cine hasta el recontra-final, porque varias de las mejores escenas están intercaladas con los créditos. Es más, esta vez hay chistes hasta en los propios créditos. Y referencias ochentosas gloriosas, cameos copados y desopilantes intervenciones de Stan Lee, en las que (si mirás bien) hay un homenaje perfecto a Tintin. Ardo en deseos de verla otra vez. En general, uno prefiere dedicarle esas dos horas y pico a leer comics, pero esta peli rompe con todo. Sería muy injusto que no batiera todos los records de recaudación, que no ganara ocho o diez Oscars y que no se la recordará durante décadas como una cima del cine de aventuras. Así de grossa.

miércoles, 19 de abril de 2017

ARGUMENTO vs. GUION

Vengo complicado con los tiempos, no tanto para leer comics, pero sí para encontrar un rato en el que sentarme tranqui a reseñar el material que leo. Desde el último post se me acumularon unas cuantas lecturas, y bueno… ya las iremos bajando.
Hoy vamos con el super-clásico Argumento vs. Guión, en dos obras recientes de autores argentinos.
The Pathetic Life de Mel O´Griffin es una breve novelita gráfica de Nicolás Brondo, donde el argumento es… menor. Mel es un tipo patético, pusilánime, un boludo convencido de que el suicidio es la mejor forma de escapar a sus angustias y penurias. Tiene una mujer y una hija, que reaparecerán en su vida, y en los diálogos con ellas se replanteará algunas cosas… y otras no. A priori no parece una consigna muy fértil, ni muy ganchera, pero la magia está no en el argumento, sino en el guión. En cómo elige Brondo contarnos esta historia. En los diálogos, en los silencios, en el armado de las secuencias, en cómo entran en escena los personajes, en dónde nos clava cada flashback y cada elipsis.
No quiero contar detalles, porque es ahí donde reside la gracia de Mel O´Griffin. Pero sí subrayar que estamos ante un ejemplo clarísimo de cómo un buen guión puede levantar enormemente a un argumento a priori medio del montón para llegar a un resultado que impacta, conmueve, por momentos te hace reir, por momentos putear, y hasta si sos muy sensible capaz que te arranca una lágrima. Y del dibujo, casi ni tiene sentido hablar, porque el nivel que alcanzó Brondo hace ya varios años está más allá de la exégesis. Expresivo, versátil, extremo cuando quiere serlo, medido cuando el relato lo recomienda… el trazo de Brondo no falla nunca y es parte del motivo por el cual The Pathetic Life de Mel O´Griffin tiene todo para cobrar chapa de gema de culto, de pequeña obra maestra en la trayectoria (a esta altura demoledora) de un autor definitivamente indispensable en la escena de la historieta argentina actual.
Vamos a un ejemplo inverso, con otra obra reciente de autores argentinos: el Vol.1 de Kormákr, escrito por Damián Connelly y dibujado por Nicolás Nieto. La premisa es totalmente atrapante: estamos en 1980 y los agentes Lydia White y Yuri Spektor son enviados al pueblito de Ludgard a investigar misteriosos asesinatos. La referencia a Twin Peaks es tan obvia, que en un punto lo intoxica a Connelly y lo convence de que puede hacer bien lo que sólo David Lynch puede hacer bien: convertir a la trama de un thriller en la excusa perfecta para limar, para meter alucinaciones, flashbacks retorcidos, personajes estrambóticos… y que todo se entienda y el espectador la pase bien. No es el caso.
Connelly la rompe en un rubro complicado: la construcción de los personajes. White y Spektor aparecen en estas cincuenta y pocas páginas como personajes complejos, atractivos, muy bien pensados y desarrollados por el guionista. El resto del guión, en cambio, contribuye poco a que brille el argumento. Es oscuro, es críptico, por momentos es caprichoso, por momentos donde tendría que generar tensión genera aburrimiento, y hasta repite un recurso (el lobo) que ya vimos en La Sombra de Alec Foster, otra obra del mismo guionista. Por ahí levanta en la segunda y última parte… por ahí no.
El dibujo de Nieto es muy raro, nunca se decide por un estilo gráfico, sino que va saltando, probando cosas distintas página a página. Esto obviamente empantana el flujo narrativo, porque por momentos la página parece un álbum de figuritas, con seis imágenes dibujadas por seis tipos distintos, sin ningún correlato entre sí. Lo mejor que tiene Nieto es el manejo del cross-hatching extremo, y cuando lo usa con onda, con elegancia y con criterio logra imágenes muy potentes, que me recordaron a viñetas del maestro Sergio Toppi. De todos modos, tantos recursos gráficos mezclados, tantas técnicas juntas me generan desconcierto, me transmiten la sensación de “tiro 50 trompadas al aire y alguna voy a acertar”. Ojalá en sus próximos trabajos Nieto se decida por UNA técnica de dibujo y UNA técnica de entintado y crezca y se afiance en una sóla dirección. Y después, cuando sea muuuuuy capo en una técnica, que pruebe con otra y así, hasta convertirse en el Viejo Breccia.
Ni bien tenga un rato, reseño un par de libritos más que están ahí, pidiendo pista. ¡Gracias y hasta pronto!

viernes, 14 de abril de 2017

FERIADISIMO

Gran tarde al mega-pedo, ideal para ponerse al día con varios temas pendientes, y uno de esos pendientes son las reseñas de un par de libros que tengo leídos y que todavía no comentamos por acá.
Parece mentira que después de tantos años, sigan apareciendo historietas que me conmueven profundamente, que me estremecen, que me tienen un rato largo con la piel de hincha de River, vibrando como un dildo, todo el tiempo al filo del lagrimón. Me acaba de pasar con Sky Hawk, mi nueva obra favorita en la gloriosa carrera del ireemplazable Jiro Taniguchi. Sky Hawk te aniquila ya desde la premisa: dos samurais caídos en desgracia, varados en las planicies del Noroeste de los EEUU, se integrarán a una tribu sioux y les enseñarán técnicas de combate típicas del Japón feudal que los ayudarán en su lucha contra el ejército de los EEUU, que avanza por las malas para quitarles las tierras a los pueblos originarios y traer “el progreso” de la mano del ferrocarril.
Hasta ahí, todo alucinante. Imaginate lo que hubiese hecho Robin Wood con esta idea allá por 1980. Una genialidad, no? Pero el sensei Taniguchi no se queda atrás. Sintetiza muy brevemente el pasado de Hikozaburo y Manzo le dedica estas casi 300 páginas a la trama central: el team-up de amarillos y rojos contra unos blancos sumamente garcas, liderados por el General Custer (una especie de Julio Argentino Roca yanki, que en vez de terminar como presidente de la nación terminó acribillado por las flechas de los indios). La historia de los aborígenes unidos para defender las Colinas Negras la leímos 100 veces, hasta en un álbum de Lucky Luke. Y ahí es donde entra la magia de Taniguchi: le suma a este relato la participación de los dos samurais, la interacción entre estos y los pieles rojas, la sorpresa de los milicos yankis al ver que de pronto los indios cambian la forma de combatir…
Obviamente al final van a ganar los malos, pero mientras tanto, tenemos una epopeya atrapante, emotiva, una cátedra en la que el maestro Taniguchi nos enseña que el coraje y el honor no saben de razas ni de fronteras. El choque entre las culturas da pie a diálogos memorables, la trama romántica no está para nada enfatizada, los hechos históricos están perfectamente respetados... Estamos frente a un guión mucho menos introspectivo que el de las obras más típicas de Taniguchi, al que –sin embargo- no le falta complejidad ni profundidad, y que por lo menos a mí, me dejó hiper-manija.
El dibujo es inevitablemente excelente. Como ya sucediera en el Vol.1 de Seton (ver reseña del 22/07/12), el combo Siglo XIX + locaciones agrestes del Oeste de los EEUU remite a Taniguchi casi de inmediato a los grandes clásicos del western franco-belga. Y así aparecen en el trazo del ídolo algunos paisajes, algunos enfoques y hasta algunas resoluciones gráficas que ya vimos mil veces, ya sea en el Teniente Blueberry de Jean Giraud, en el Comanche de Hermann, o en el Mac Coy de Antonio Hernández Palacios. Esto, combinado con el grafismo fluído, detallado, siempre dinámico de Taniguchi, hace de este trabajo de 2002 un deleite visual insuperable, en buena medida porque vemos al maestro exigirse a sí mismo, salir de su zona de confort y bancarse com un duque un desafío gigantesco. Que Manitú lo tenga en la gloria.
Y me vengo a Argentina, al 2016, para leer un comic muy raro: Ortega y Gasset, la biografía no autorizada del célebre pensador español de la primera mitad del Siglo XX, narrada por Alejandro Farías y dibujada por Hurón. Se trata de una sucesión de secuencias breves, de no más de 12 páginas, con las que Farías nos propone armar la vida de José Ortega y Gasset como si fuera un rompecabezas. Las secuencias están bien elegidas, con un criterio amplio, como para abarcar sus inicios, sus éxitos, sus fracasos, sus polémicas con otros intelectuales de la época (entre ellos el mismísimo Albert Einstein), sus conatos de romance, su delicada posición frente al régimen totalitario de Francisco Franco, e incluso las vinculaciones entre su pensamiento y el de otros filósofos contemporáneos suyos, como Martin Heidegger. Con todo esto se ensambla un mosaico muy completo que, lejos de aspirar a una versión hagiográfica de la figura de Ortega, parece esforzarse por mostrarlo como un ser humano normal, con los defectos, virtudes e inseguridades de cualquiera de nosotros.
No es una historieta divertida, porque se centra en la vida de un filósofo cuyas principales actividades son pensar, escribir y dialogar. Acá no hay acción, ni piñas, ni persecuciones, ni un mísero garche, siquiera. Obviamente no se trata de un trabajo pensado para cautivar a los fans de la aventura. ¿Cómo se hace para dibujar una historieta donde sólo hay pensamiento y diálogo? Hurón acomete esta ciclópea tarea y le va muy bien. Se luce en la reconstrucción de la época, en la forma en que retrata las distintas ciudades (Buenos Aires incluída, obvio) por las que viaja Ortega, y sobre todo en el tratamiento gráfico. Las distintas tonalidades de gris y esa textura como de rayas de lápiz negro le agregan al dibujo una cuota de belleza muy original, que le permite a Hurón plasmar con eficacia y sutileza una gran variedad de climas, y que por momentos lo acerca a los mejores trabajos de Miguelanxo Prado.
Repito: no es una historieta para divertirse, sino más bien para que, si te interesan la vida, el pensamiento o la época de José Ortega y Gasset, puedas descubrirlos e incluso profundizar en ellos de un modo distinto, más accesible, para nada árido ni excesivamente didáctico.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

lunes, 10 de abril de 2017

SE VINO EL OTOÑO

Bueno, llegué hace un rato de Córdoba y me recibió la clásica Buenos Aires de otoño, fresquita, lluviosa, con el tránsito colapsado y las 15 radios del Grupo Clarín repitiendo las mismas mentiras. Por suerte entre aeropuertos y aviones tuve tiempo de leer un par de libros, así que tengo material para reseñar.
Arranco en EEUU, en 2013, cuando Dark Horse publica Kiss Me, Satan!, una saguita de acción y terror que me sedujo porque la encontré en oferta y está dibujada por el cordobés Juan Ferreyra, que me tiene entre sus fans desde que militaba en el under, allá por la segunda mitad de los ´90. El argumento de Victor Gischler (de oscuro pasado en Marvel) ofrece ángeles, demonios, licántropos, brujas, hechiceros, zombies, ninjas, ninjas zombies… un flor de bolonki de elementos sobrenaturales puestos al servicio de una trama de acción, con persecuciones, tiroteos, peleas de todo tipo, garches, runfla entre mafiosos y demás escenas de alto impacto.
Por suerte, Girschler evade unos cuantos lugares comunes y logra que esta combinación, además de ser pochoclera y estridente, tenga originalidad y frescura como para sorprender al lector que ya se devoró muchas aventuras parecidas. La machaca sobrenatural está bien condimentada con el trasfondo mafioso, con una trama romántica, con un buen aprovechamiento de la decisión de ambientar la historia en New Orleans y con algunos toques introspectivos que le sirven a Gischler para darle onda a los personajes, incluso a algunos secundarios. O sea que, como comic de entretenimiento sin mayores pretensiones, Kiss Me, Satan! funciona muy bien y garantiza una lectura ágil, ganchera, muy entretenida.
El dibujo de Juan Ferreyra es excelente, con altos niveles de salvajada, figuras muy dinámicas, deformidades bien puestas, personajes muy expresivos magníficamente diseñados, un ritmo de palo-y-palo en la planificación de las secuencias, y sobre todo un laburo alucinante en el color (rubro en el que Juan contó con la colaboración de Eduardo, su papá). El color de los Ferreyra le prende fuego a la página, está hiper-sincronizado con los climas que requiere el guión y tiene ese toque único de genialidad, de experimentación loca que llegó a muy buen puerto. Si sos de los que descubrieron a Ferreyra a partir de su desembarco en DC, o a través de Colder, tirate un cachito más para atrás y descubrí este gran trabajo del ídolo cordobés.
Salto a Uruguay, a 2016, cuando aparece Parto de Nalgas, el bizarro team-up entre Gustavo Sala y el guionista, blogger, conductor de radio y tele, escritor y co-protagonista de la recordada saga de New York acá en el blog, mi amigo Ignacio Alcuri. Con un guión escrito a cuatro manos y muy buenos dibujos de Sala, Parto de Nalgas es un delirio fascinante, una novela gráfica cuyo argumento reproduce la lógica de los sueños, en los que se suceden una atrás de otras escenas muy locas, casi sin explicación y casi sin un hilo conductor. Y claro, además del divague, acá hay muchos chistes. Chistes pavotes, chistes groseros, chistes absurdos, chistes políticamente incorrectos casi al límite, juegos de palabras, reflexiones graciosas tipo stand-up comedy… un repertorio amplio, ecléctico, generoso, para todos los gustos.
Así, entre seres de caca, pandas con síndrome de down, gorilas gigantes, monstruos bizarros, vergas gigantes y la inevitable aparición de famosos de toda calaña (de Gardel y el Papa Francisco a Moria Casán y Gary Coleman), un marplatense y un uruguayo viajan por el mundo, surcan el cosmos, recorren distintas dimensiones y viven la aventura más estrambótica de sus vidas. Algunos chistes funcionan mejor si pescás ciertas referencias muy puntuales (a las canciones de Jaime Roos, o los comics de Stan Lee, o los hábitos sexuales de Woody Allen), pero en general la risa está garantizada aunque no entiendas nada y creas que Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano son grandes periodistas.
La obra tiene más de 80 páginas, bastante texto y bastantes volantazos impredecibles, con lo cual no recomiendo leerla toda de un saque, sino meterle un par de pausas, como para intercalar otras lecturas y que la gracia de Parto de Nalgas se mantenga fresca y sorprendente. En Argentina el libro nunca se distribuyó, así que tenés que tener bastante ojete para conseguirlo, o enviar sicarios a que lo busquen del otro lado del charco. Parto de Nalgas lleva un paso más allá la sana costumbre de estos últimos años de las colaboraciones entre autores de Argentina y Uruguay y lo hace de la mano de dos genios malignos del humor. Así que hay que tenerlo, cueste lo que cueste. Y vamo´arriba la celeste.
Nos reencontramos por acá ni bien tenga más libros leídos.

jueves, 6 de abril de 2017

RESEÑAS POST-PARO

Bueno, ahora que se terminó el paro, retomo el “trabajo” de reseñar los libros que leí en estos últimos días.
Me compré Atajos con mucha expectativa: un libro de tapa dura, con 100 páginas, lleno de historias cortas de Martí, siempre es un golazo. Yo además tenía la esperanza de que en estas páginas estuvieran republicadas TODAS las historias que a tengo en otros dos recopilatorios de historias cortas de Martí (Monstruos Modernos y Terrorista), como para reemplazarlos con esta edición más cheta. Pero no. Atajos no es un integral. Es un libro para el cual (una vez más) se seleccionaron algunas historias cortas de Martí y quedaron afuera otras. Hay varias que ya tengo en Monstruos Modernos (pero no están TODAS las de ese libro), varias que ya tengo en Terrorista (pero tampoco están TODAS) y varias que nunca habían salido en libro. Conclusión: ahora tengo TRES libros de historias cortas de Martí, con mucho material repetido (sin contar que también tengo bocha de números de El Víbora en los que aparecen esas mismas historias). Un despropósito.
Hecha esa salvedad, Atajos tiene un material incuestionable, una selección repleta de gemas, de pequeñas obras maestras de este genio catalán que tuvo su período más glorioso en los ´80, pero estaba tan adelantado a su época que se sigue viendo moderno aún hoy. Sí, está Terrorista. Sí, está la adaptación de No Oyes Ladrar a los Perros (el relato de Juan Rulfo). Sí, está Baby Killer, la historieta más urticante, más incómoda que recuerdo acerca del tema del aborto. Sí, está la bizarra Sospecha Letal y la desesperante Repulsión. Y hay más.
Sobre el final hay 15 páginas (dos episodios breves) de España Negra, una obra más reciente de Martí, probablemente de la segunda mitad de los ´90, donde el dibujo se ve un poco más refinado, más cerca de Beto Hernández que de Chester Gould, pero se mantiene intacto el nivel de sordidez, mala leche y asquerosidades. Es una historia de corrupción, canibalismo, posesiones satánicas, milagros de santos bizarros y porongas inmensas, todo muy al límite. Eso no está ni en Monstruos Modernos ni en Terrorista y es brillante.
Si sos fan de Martí, si te copa ver cómo el paisaje urbano se vuelve pesadillesco, retorcido, oscuro, si te bancás ver el horror que espera agazapado en situaciones de la vida cotidiana, acá te esperan unas cuantas historias impactantes por lo zarpadas pero también por lo cercanas. Con su claroscuro sin concesiones y su estética retro-feísta, Martí no para nunca de bajar línea ni de perturbar al lector que se anime a entrar en su mundo. Por eso lo amamos.
El 05/06/15 tuvimos en el blog la reseña de la primera antología del sello Purple Comics. Ahora vamos con la segunda, editada en 2016.
Arrancamos con Franco Viglino, un dibujante prodigioso, que narra una breve historia de su personaje, JellyKid, en apenas 25 viñetas. Imposible desarrollar algo así como una trama en tan poco espacio, así que sólo se rescata el dibujo, que es excelente. La historia más extensa es la de Madhawk, 40 páginas a cargo de Mariano Sciamarella y Lea Caballero. Me gustó bastante el argumento (complejo, ambicioso, con buenos giros) pero no tanto el guión, el desarrollo escena a escena y cuadro a cuadro de ese argumento. El dibujo de Caballero está muy bien, más allá de algún error de anatomía.
De ahí en más, la antología ofrece un poco de todo. Leonel Palermo pretende narrar una epopeya de los dioses nórdicos en sólo cuatro páginas, y obviamente no lo consigue, a pesar de los muy atractivos dibujos de Pablo Ayala. Un poco mejor le va a Federico Dalman, con una aventura cláisca, con tintes de comedia, bastante lograda. Con algunas cositas para ajustar en la narrativa, me gustó bastante la de Schamber y Dall´o, autores a los que les veo bastante futuro. El mejor guión de la antología es, por afano, el de Guido Barsi, en la historia titulada El Cafecito. El dibujo de Mauro Sánchez no es malo, pero no se acopla nunca al tono de comedia picaresca que propone el guión. Y la última historia, escrita y dibujada por Gwydion, es la única realmente vergonzosa, la única en la que no se puede rescatar nada, ni en el guión ni en el dibujo. Ni siquiera una idea copada en la narrativa, que a priori tenía el atractivo de jugar con la letra de Los Libros de la Buena Memoria, el clásico de Luis Alberto Spinetta. Puede fallar.
Las ilustraciones de tapa, contratapa y ambas retiraciones están buenísimas y la calidad de la edición es realmente impecable. Ojalá la pandilla de Purple siga creciendo y afianzándose.
Y ya está, no tengo más libros leídos para reseñar. Nos encontramos este sábado y domingo en Córdoba con todos los que se acerquen a participar del festival Material, y con el resto nos leemos por acá la semana que viene. ¡Será hasta entonces!

martes, 4 de abril de 2017

OTRA VEZ FUNCION TRASNOCHE

Y bueno, es lo que hay… A veces me resulta cómodo dejar el tema de las reseñas para última hora y a veces la última hora son las dos de la matina del día siguiente. No es tan grave, total ustedes las pueden leer cuando se les cante (o no leerlas, incluso).
Hace mil años, el 17/05/10, le dediqué una reseña al Vol.1 de 24Seven, una antología de Image coordinada por Ivan Brandon, repleta de nombres grossos. Recomiendo revisitar dicho texto, ya que mucho de lo dicho en ese entonces se aplica hoy, a la reseña del Vol.2.
No sólo esta segunda entrega de 24Seven repite la fórmula del primer tomo. También repite un montón de autores… y los dos problemas principales del Vol.1 siguen ahí. Por un lado, algunos guiones demasiado simples, o con planteos ambiciosos y resoluciones simplistas, lo cual es peor. Como en todo compilado de historias cortas, muchas veces a los guionistas les cuesta rematar en espacios chicos y los relatos terminan en cualquier lado, o derrapan en el final. Puede suceder. Por otro lado, una vez más tenemos unas cuantas historias que desaprovechan la temática de la antología, que son los robots/ androides/ sintezoides y demás. Historias que tranquilamente podrían estar protagonizadas por gente normal, de carne y hueso, y que presentadas así, con robots como protagonistas, hacen un poco de ruido. Tampoco te ahuyentan, pero en algún momento decís “¿para qué?”…
Pero vamos a subrayar las gemas que están esparcidas entre estas 240 páginas. La primera historia tiene un guión flojo, pero el dibujo (un team-up entre Fiona Staples y Frazer Irving) es majestuoso. La que escribe Carla “Speed” McNeil saca un gran provecho de la temática de la vida artificial, y el dibujo de Bruno D´Angelo por ahí es medio limitado a la hora de la narrativa, pero se ve muy lindo. Podría haber salido tranquilamente en la Métal Hurlant de los ´80. El ídolo brazuca Fábio Moon narra una muy linda historia, emotiva y original, en 10 páginas que podrían haber sido 6 u 8, pero también se ven muy lindas. La del ignoto Seth Peck y el glorioso Rafael Albuquerque es una historia fuerte, jugada, casi polémica… que tendría más fuerza si los personajes fueran humanos en vez de robots. Igual es muy grossa. Jason Aaron colabora con otro artista brazuca, Miguel Alves, en una historia tranqui, reflexiva, de belleza atípica y con una estética fina, diseñosa, más cercana a la de la ilustración editorial. La que escribe Kelly Sue DeConnick es cortita y al pie, efectiva aunque quizás no tan original. Ben Templesmith aporta unos dibujos magníficos a un guión de John Ney Rieber que claramente no está a la altura. Otra historia rara pero que funciona es la de Alice Hunt y Meg Hunt.
Gabriel Bá (hermano gemelo de Fábio Moon) dibuja uno de los mejores guiones del libro, a cargo de Macon Blair, una historia hermosa que también funcionaría perfecto con seres humanos. Michael Avon Oeming te detona las retinas en siete páginas medio light a nivel guión, pero con unos dibujos y un color alucinantes, dignos de Enrique Breccia. Muy buena también la de Jonathan Davis y Antonio Fuso, tranqui, sin estridencias y con buenas ideas. El canadiense Niko Henrichon también deja la vida en sus ocho páginas, intensas y divertidas. Muy bien también Will Pfeiffer, que escribe una historia dibujada a cuatro manos por Andy McDonald Paul Azaceta. Andy Kuhn, Dave Johnson y José Luis Ágreda se lucen con sus dibujos en historias cuyos guiones me interesaron poco. Ya sobre el final, Macon Blair vuelve con otra historia muy atractiva, ya coqueteando un toque con el género del terror, y potenciada por unos dibujos fastuosos de Francesco Francavilla. Y otro monstruo brazuca, el maestro Mateus Santolouco, tira magia en una de cinco páginas que no es hiper-original, pero funciona perfecto. Buen promedio, en general, para este broli, que salió en 2007 y hace muchos años que se consigue en oferta.
Me queda poquito espacio para hablar de Topati, el último libro (hasta hoy) del prolífico Brian Janchez, que recopila un puñado tiras cómicas junto a algunas historietas cortas. Topati es un hombre-pato, que aspira a ser una criatura temible al estilo del hombre lobo, pero en vez causa gracia. Es la enésima historieta en la que el mecanismo del humor pasa por la lástima que genera el protagonista en los lectores, y si no te copa esa onda del personaje patético, constantemente humillado y denigrado, difícilmente te saque una sonrisa. A mí me gusta la forma en que Janchez explota ese recurso y en general me gusta cómo están dibujadas las historietas de Topati, aunque a veces la cantidad de texto que tiene cada viñeta conspira un poco contra el lucimiento del trazo de Brian. De todos modos, queda claro que el autor se esfuerza mucho más por ponerle onda a los diálogos que a los dibujos… y viéndolo así no está mal que las palabras tengan tanto peso dentro de las viñetas.
No te quiero vender la sanata de que Topati es lo mejor que hizo Janchez hasta ahora, porque no es así. Pero tiene onda, diálogos y situaciones ingeniosas y un dibujo correcto, sin ningún intento de virtuosismo, sino más pensado para ser funcional a los relatos.
Nos reencontramos pronto, cuando tenga leídos un par de libros más. ¡Gracias por el aguante!