el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 19 de abril de 2017

ARGUMENTO vs. GUION

Vengo complicado con los tiempos, no tanto para leer comics, pero sí para encontrar un rato en el que sentarme tranqui a reseñar el material que leo. Desde el último post se me acumularon unas cuantas lecturas, y bueno… ya las iremos bajando.
Hoy vamos con el super-clásico Argumento vs. Guión, en dos obras recientes de autores argentinos.
The Pathetic Life de Mel O´Griffin es una breve novelita gráfica de Nicolás Brondo, donde el argumento es… menor. Mel es un tipo patético, pusilánime, un boludo convencido de que el suicidio es la mejor forma de escapar a sus angustias y penurias. Tiene una mujer y una hija, que reaparecerán en su vida, y en los diálogos con ellas se replanteará algunas cosas… y otras no. A priori no parece una consigna muy fértil, ni muy ganchera, pero la magia está no en el argumento, sino en el guión. En cómo elige Brondo contarnos esta historia. En los diálogos, en los silencios, en el armado de las secuencias, en cómo entran en escena los personajes, en dónde nos clava cada flashback y cada elipsis.
No quiero contar detalles, porque es ahí donde reside la gracia de Mel O´Griffin. Pero sí subrayar que estamos ante un ejemplo clarísimo de cómo un buen guión puede levantar enormemente a un argumento a priori medio del montón para llegar a un resultado que impacta, conmueve, por momentos te hace reir, por momentos putear, y hasta si sos muy sensible capaz que te arranca una lágrima. Y del dibujo, casi ni tiene sentido hablar, porque el nivel que alcanzó Brondo hace ya varios años está más allá de la exégesis. Expresivo, versátil, extremo cuando quiere serlo, medido cuando el relato lo recomienda… el trazo de Brondo no falla nunca y es parte del motivo por el cual The Pathetic Life de Mel O´Griffin tiene todo para cobrar chapa de gema de culto, de pequeña obra maestra en la trayectoria (a esta altura demoledora) de un autor definitivamente indispensable en la escena de la historieta argentina actual.
Vamos a un ejemplo inverso, con otra obra reciente de autores argentinos: el Vol.1 de Kormákr, escrito por Damián Connelly y dibujado por Nicolás Nieto. La premisa es totalmente atrapante: estamos en 1980 y los agentes Lydia White y Yuri Spektor son enviados al pueblito de Ludgard a investigar misteriosos asesinatos. La referencia a Twin Peaks es tan obvia, que en un punto lo intoxica a Connelly y lo convence de que puede hacer bien lo que sólo David Lynch puede hacer bien: convertir a la trama de un thriller en la excusa perfecta para limar, para meter alucinaciones, flashbacks retorcidos, personajes estrambóticos… y que todo se entienda y el espectador la pase bien. No es el caso.
Connelly la rompe en un rubro complicado: la construcción de los personajes. White y Spektor aparecen en estas cincuenta y pocas páginas como personajes complejos, atractivos, muy bien pensados y desarrollados por el guionista. El resto del guión, en cambio, contribuye poco a que brille el argumento. Es oscuro, es críptico, por momentos es caprichoso, por momentos donde tendría que generar tensión genera aburrimiento, y hasta repite un recurso (el lobo) que ya vimos en La Sombra de Alec Foster, otra obra del mismo guionista. Por ahí levanta en la segunda y última parte… por ahí no.
El dibujo de Nieto es muy raro, nunca se decide por un estilo gráfico, sino que va saltando, probando cosas distintas página a página. Esto obviamente empantana el flujo narrativo, porque por momentos la página parece un álbum de figuritas, con seis imágenes dibujadas por seis tipos distintos, sin ningún correlato entre sí. Lo mejor que tiene Nieto es el manejo del cross-hatching extremo, y cuando lo usa con onda, con elegancia y con criterio logra imágenes muy potentes, que me recordaron a viñetas del maestro Sergio Toppi. De todos modos, tantos recursos gráficos mezclados, tantas técnicas juntas me generan desconcierto, me transmiten la sensación de “tiro 50 trompadas al aire y alguna voy a acertar”. Ojalá en sus próximos trabajos Nieto se decida por UNA técnica de dibujo y UNA técnica de entintado y crezca y se afiance en una sóla dirección. Y después, cuando sea muuuuuy capo en una técnica, que pruebe con otra y así, hasta convertirse en el Viejo Breccia.
Ni bien tenga un rato, reseño un par de libritos más que están ahí, pidiendo pista. ¡Gracias y hasta pronto!

2 comentarios:

Federico Durán dijo...

Se extrañan los off topic, este es lo roza.

Nicolás dijo...

Andrés, tomo en cuenta lo que decís, hay que seguir laburando. Muchas gracias por la opinión.