el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 14 de agosto de 2017

LUNES POST-PASO

Bueno, mientras el gobierno nos secuestra los resultados de la elección en Provincia de Buenos Aires y mira para otro lado mientras Gendarmería desaparece a Santiago Maldonado, yo tengo secuestradas y desaparecidas las reseñas de los últimos dos libros que leí, por falta de tiempo para sentarme a redactarlas. El tema de no tener tiempo para redactar reseñas hace que no me den ganas de leer más libros y eso es una garrrrcha, mal. Por suerte me siguen dando de ganas de invertir esos viajes en bondi en leer literatura. Si no, me convertiría en un helecho menteplana capaz de votar a Cambiemos. Pero vamos a las reseñas, que finalmente están disponibles.
Arranco con un libro (¿qué digo “libro”? ¡Recontralibrazo!) de 2016 que se me había traspapelado: la esperadísima edición argentina de El Patito Saubón, en la versión que Carlos Nine realizó para Francia en 2009, a todo color y con muchos cambios respecto de la publicación original de los ´80. Las cuatro primeras historias son magníficas. Los textos en off, narrados por el propio Saubón, parecen una sátira a los clásicos del hard boiled norteamericano, en contraste con la estética surreal de los fondos, mientras que la violencia y la sordidez de los argumentos contrasta con la elegancia la plasticidad con la que Nine dibuja a los personajes. Esos episodios (sobre todo el cuarto, el más extenso) funcionan como un relojito, a pura belleza.
Después la serie pierde un poquito el rumbo y se reitera la fórmula “Saubón se entrevera sexualmente con la mina incorrecta y todo termina mal”, por supuesto con mucha gracia, pero sin la sorpresa ni la sofisticada ironía del primer tramo. Pero dentro de esta segunda mitad hay un episodio fundamental: Suite Pepona, una historia bizarra, inquietante y magistral, en la que Nine homenajea sin tapujos al universo de Krazy Kat y (ya que estamos) a El Eternauta. La última historieta, Viaje Sentimental, es larguísima al recontra-pedo (38 páginas, una eternidad), pero está tan bien dibujada que no querés que se termine nunca.
Como para cerrar, este es un comic totalmente único, irrepetible e idiosincrático. Es Carlos Nine desaforado, pasado de rosca, dispuesto a todo. Si te gusta Nine, lo tenés que tener sí o sí. Y si no te gusta Nine, lo tenés que leer para tratar de entender por qué no te gusta Nine, y por qué a tantos nos resulta fascinante.
Me faltaba un tomito para terminar Satellite Sam, la obra de Matt Fraction y Howard Chaykin, y la verdad que termina muy bien. Visto en perspectiva, el… 60% de lo que pasa no aporta nada a la trama central. Son personajes y situaciones que tranquilamente podrían no estar sin modificar casi en lo más mínimo el desarrollo del argumento. Pero… sabemos que tanto a Fraction como a Chaykin les gusta el protagonismo coral, las tramas accesorias, los conflictos secundarios que a veces aportan confusión (para el lector, no para ellos), tensión, humor, realismo, o simplemente excusas para que Chaykin dibuje a más minas con escasa vestimenta.
El trabajo de Chaykin acá es formidable, tanto en la narrativa como en el dibujo, rubro en el que se reencuentra con el blanco y negro para desplegar una variedad de recursos gráficos realmente pasmosa. Efectos, texturas, grisados, claroscuros… Chaykin apuesta fuerte en todo, hasta en la colita de los globos. Visualmente, no descarto que este sea el mejor Chaykin de Black Kiss para acá, mirá lo que te digo. Pero el trabajo más difícil es el que le tocó a Fraction, que se propuso escribirle a Chaykin un guión que parece de Chaykin. Como comentábamos en la reseña del Vol.1, si alguien te edita Satellite Sam omitiendo el nombre de Fraction, vos te creés SIN DUDAR UN INSTANTE que Chaykin es el autor del guión, no
Los propios autores reconocen que, con el correr de los episodios, el misterio “policial” se fue alejando del centro de la escena y Satellite Sam pasó a ser un comic acerca de los procesos internos que vive un tipo, Michael White, inmerso en una situación que no puede controlar, y acerca de esa industria naciente que era la de la televisión. Fraction le saca un enorme provecho a ese viraje: escaparle al mero “whodunnit” le abre posibilidades, lo libera, y el guionista responde con jerarquía.
Erotismo, muerte, televisión en vivo (y en blanco y negro), racismo, negocios espurios, amor, política, sexualidades alternativas, lealtades mafiosas y de las otras y un dibujo majestuoso son apenas algunos de elementos que hicieron memorable (y sumamente recomendable) a Satellite Sam. Sintonizalo.
Espero volver a postear esta semana, y si no, nos vemos el 20 y 21 en Dibujados. Gracias por el aguante.

martes, 8 de agosto de 2017

TRIPLETE DE MARTES

Ufff… por fin un minuto de paz para sentarme a redactar unas reseñas… Tengo unos días complicados y… sí, ya sé, siempre el mismo verso… Pero posta, hoy escribo estas reseñas y no tengo la más puta idea de cuándo voy a poder clavar el culo en la silla y escribir las próximas.
Arranco con Mildiu, una gema semi-oculta del glorioso Lewis Trondheim que en realidad es la tercera aventura de Lapinot, y la primera que no es editada por L´Association, el sello independiente fundado (entre otros) por el ídolo en cuestión. Mildiu sale en el sello Seuil justo antes de que los álbumes de Lapinot pasen al formato tradicional, a color, y a Dargaud. Es una obra de 1994, cuando Trondheim ya no era su propio editor pero todavía hacía lo que se le cantaba la chota.
Mildiu nos ofrece casi 140 páginas frenéticas, en las que Trondheim se propone satirizar a los relatos de aventuras que se basan en un 95% en peleas entre el Bueno y el Malo, y casi sin querer pela una obra maestra. Obviamente para esa cantidad de páginas, pasan pocas cosas. Pero no es tan importante el cuánto como el cómo. Y el cómo es maravilloso. Lapinot y su enemigo Mildiu (sí, el comic tiene el nombre del villano) combaten a espadazos, piñas y patadas en el medioevo, en un castillo lleno de trampas, recovecos peligrosos y pasadizos secretos, mientras se tiran frases desopilantes y se cruzan con otros personajes bizarros, entre ellos un hechicero cuyos conjuros hacen aún más impredecible el resultado de la cuasi-infinita pelea.
Acá te reís, te entusiasmás, vibrás al ritmo de la machaca, te mordés el labio de abajo onda “no podéssss”, y cuando llega el final aplaudís de pie. Trondheim te garantiza, como siempre, diversión de la buena y un dibujo exquisito. Me encantó volver a verlo en blanco y negro (como en La Mouche, a la cual le tira un homenaje), me cebó mucho verlo dibujar espadas, escudos y hechiceros años antes de La Mazmorra, y obviamente al tener tantas páginas para llenar, la magia que tira el francés en el armado de las secuencias es virtualmente ilimitada. Un flash alucinante.
Me vengo a Argentina, al 2016, cuando se edita Ultradeformer, un librito muy breve con varias historias cortas realizadas por Pedro Mancini. Me da la sensación de que una de las historias (Misterio de Krang) era inédita y el resto ya había aparecido en la revista Ultramundo. Como siempre, son historias al borde del delirio, bastante crípticas, con poco texto, ideas muy locas y cierto coqueteo con el comic clásico de suspenso y enigmas sobrenaturales.
Al final, entre ese cúmulo de incertidumbres, lo que queda claro es que Mancini es un dibujante con un talento increíble, una imaginación única, y que su fuerte son esos climas oscuros, enrarecidos, altamente cautivantes. Tengo más libros de Pedro sin leer, así que pronto vuelvo a explorar los bizarros paisajes de su ultramundo.
Y cierro con el Vol.18 de Bakuman, el único comic que leo el día que me lo compro, que suele ser el día que se edita. Ya no falta nada para el final y Tsugumi Ohba y Takeshi Obata dan el puntapié inicial de lo que (supongo yo) es el arco final de la serie. De un modo muy elegante, Perfect Crime Party pasa a un segundo plano y ahora la historieta que define, la que sale a patear en la definición por penales, es Reversi, una nueva creación de los incansables Muto Ashirogi ahora sí, pensada no sólo para prenderle fuego a las páginas de la Jump, sino también para convertirse en un animé exitoso…
Claro que no va a ser todo tan fácil. Están las fechas de entrega, están las excentricidades del inefable Eiji Niizuma, las roscas y los protocolos de los editores (esta vez con mucha chapa para Yujiro Hattori) y está el público que, con su preferencia, decide quién da la vuelta olímpica y quién no. Es un tomo en el que vamos a ver a los protagonistas al límite de su aguante, siempre bien complementados por las tramas que Ohba les reserva a los secundarios, cada vez más queribles. Lo único medio choto es esa secuencia con el abuelo de Mashiro, una forma bastante ramplona de recordarnos la motivación del joven dibujante, que se podría haber obviado. El resto, todo intensamente maravilloso, y dibujado como la hiper-concha de Dios. Voy a extrañar mucho a Bakuman cuando termine de salir. Mucho.
La seguimos pronto (creo).